Llegados a este punto, repasemos brevemente los acontecimientos acaecidos hasta ahora:
Desesperado por mi precaria situación en la capital del Reino de España me vi impelido a morar con Luis Lobo Negro en un minúsculo tugurio.
Las pequeñas reformas y añadidos que quedaban pendientes, como el fregadero en la cocina, los fogones nuevos, el microondas, los radiadores y la mampara en el cuarto de baño deberían haber estado listos en 4 días. No fue así. De lo dicho por mi casero, sólo era cierto que no estaba mucho en Madrid. Y menos mal, porque en una casa de ese tamaño dos eran multitud.
Sea como fuere, mi paciencia se agotaba. Desolado eché un vistazo a algún piso más por la zona, con resultados estériles. Por suerte, una habitación quedó libre en el piso de los cantautores. La habitación me encantaba, y encima ya no estarían los cantautores… Todo perfecto. Por un precio similar tendría una habitación enorme y bien amueblada. Los que han estado en ella de fiesta lo pueden atestiguar (creo que llegó a haber más de 20 personas a la vez).
Así pues, llegaba el momento de comentarle a mi anfitrión mis deseos de abandonar su morada…
Para hacer justicia debo reconocer que Luis Lobo Negro era un personaje simpático y dicharachero. Su compañía resultaba agradable, a pesar de que le encantaba sentenciar sobre gustos musicales. Para él, fuera del rockabilly y unos cuantos grupos de los 80 poco había que mereciera la pena.
También son dignos de elogio sus contactos con famosos de renombre, siempre gustaba de destacar detalles curiosos, como que había hecho de extra en algunas películas, como “Una de Zombies” (jamás comprobé si eso era verdad).
-”Y el Alex de la Iglesia me ha cogido de extra un par de veces, así haciendo de malote con la chupa de cuero y una birra. Ya le he dicho que me dé algún diálogo para el próximo papel, pero parece que pasa.”
Además, conocía a L.E., esa escritora para “chicas jóvenes” (es decir, desde quinceañeras repelentes a cuarentonas revenidas) con trastornos de personalidad, y afirmaba que un amigo suyo se había acostado con ella.
- “Un colega se la tiró, menuda guarra que es… Y con esas tetas… ¡Buah, el tío lo flipó!”
NOTA: Debo reconocer que desconozco la obra de la escritora de las vascongadas (la observación anterior es puramente empírica) y que me parece una persona agradable. Estas afirmaciones no van contra su persona.
NOTA de la NOTA: Aunque vi fragmentos de la versión cinematográfica “Amor, curiosidad, prozac y dudas” y sentí deseos de ejecutar a unos cuantos.
El momento más dramático llegó un día que íbamos juntos al metro.
- “¡Coño! Me llamó antes por teléfono el Manolo Uvi. El tío ahora está supercolgao, se dedica a hacer chapas y lo que saca se lo gasta en pastillas. Le he encargado unas cuantas más como esta.”
Me mostró la chapa con el logo de los Lobos Negros: un lobo con tupé.
Para quién no lo sepa (es decir, cualquiera con una mínima decencia), Manolo Uvi es uno de los iconos del punk español de los 80. Ya sabía que no había acabado en una mansión, pero comprobar cuán patética era la existencia de una “leyenda” del punk rock español me hizo meditar un poco.
- “Si quieres un día te lo presento, cuándo no se le va la pinza es mu majete.”
Los días pasaban y mi futura casa ya estaba libre. Y yo ya había confirmado mi compromiso… Sólo quedaba transmiterle la noticia al Lobo.
Como ese fin de semana no estaría en casa, decidí decírselo por teléfono.
- “Pero tío, no jodas, ¿por qué? Pero si estabas de puta madre.”
Le dije que me había salido una oportunidad en casa de un amigo, que estaba mucho mejor de precio y tamaño y todo lo que se me ocurrió, pero no parecía sentarle demasiado bien la noticia.
- “Joder tío, eres la hostia. Es que me pillas de sorpresa, si teníamos un colegueo y un buen rollo de la hostia.”
Amablemente le dije que lo sentía, pero que el otro piso era mejor y que iría con un colega amigo. Le comuniqué mi plan maquiavélico: me iba a quedar 15 días más sin pagar, descontándolo de la fianza. El resto me lo podía pagar al irme.
- “Bueno, de pasta ya hablamos, porque no sé si tengo la guita ahora”.
¡Pero si era mi fianza! ¿Qué había sido de ella? Por un momento pensé en L.E. Lo descarté al instante: supuse que para eso no sería necesario tanto dinero.
- “Tronco, es que me lo he gastado en las reformas y en la estantería que te pillé”.
La estantería… Ese fue otro episodio interesante que había olvidado…
- “Bueno, no te chines, el lunes o el martes hablamos.”
El miércoles apareció por casa.
- “Oye tío, que he hablado con mi hermana y dice que me estás timando. No te voy a devolver la otra pasta, porque no te has quedado un año entero, que es lo habitual en los contratos.”
Por supuesto, no teníamos ningún tipo de contrato.
- “Ya, ya sé que no tenemos contrato, pero las cosas son así y a mí me gusta hacerlas bien. No has cumplido.”
Su argumentación parecía irrebatible, así que escarbé en mi cerebro en busca de algo que me fuera útil. Recordé un día en la facultad, que estaba medio dormido…
- “¿Qué coño es eso de externalidad negativa? “
Amablemente le expliqué el concepto y lo apliqué a mi situación: había pagado un precio completo por un piso al que le faltaban cosas y por tanto había sufrido ciertas incomodidades.
- “¿Qué incomodidades tronco? ¡Si aquí hay de todo! ¡Incomodidades las de África, mira que eres pijo!”
Una vez más me había derrotado con sus irrefutables argumentos: primero pensé en los pobres niños sin pan de África y después reparé en el detalle de que mi situación no era una externalidad negativa: había confundido los conceptos. Decidí interrumpir mis razonamientos antes de terminar de perderme en externalidades, funciones de costes y esas cosas.
- “Coño, deja de repetirme eso de externalidades, que yo no soy un pijo de esos con estudios.”
Sí, aunque no tuviera sentido en este caso hay que reconocer que externalidad suena bien, por lo que decidí seguir un poco más con el término.
- “Vale, vale. No seas pesado joder. Mira que eres rata, ya te devolveré el dinero el mes que viene, cuándo alquile el piso a otro. Que ahora con las obras no tengo un duro. Ahora a poner otra vez el anuncio… ¿No conocerás a alguien interesado? Ya sabes que el piso está de puta madre y cuándo venga el próximo ya estará todo completo. Bueno, mañana vienen a poner la mampara y la semana que viene lo que queda de la cocina”.
Amablemente me ofrecía a ponerle el anuncio en algunas páginas que conocía.
- “Joer, gracias… Pero bueno, ya que me dejas colgao es lo mínimo que puedes hacer.”
Al llegar a casa el día siguiente comprobé atónito cómo la mampara estaba puesta. Ciertamente el baño ganaba mucho. Poco después la cocina estaba lista. ¿Podría ser que no me hubiera mentido y los lentos fueran los de las tiendas? Jamás lo sabré.
Mientras, la gente iba llamando para ir a ver el piso.
- “Colega, los anuncios que has puesto tiran de la hostia. Me está llamando mucha más gente que la otra vez. ¿Y ves qué de puta madre está ahora la casa? Es una pena que te pires justo ahora…”
Lo decía en serio… Y por un momento me sentí culpable.
Finalmente me marché, y quedé con él en llamarle en un mes para recuperar el resto del dinero.
Cuándo salía por la puerta apareció una noruega con pintas de rockabilly que iba a ver el piso, y de la que debo resaltar su belleza… Es lo último que recuerdo de aquella casa: Lobo Negro y ella mirándose con simpatía.
Un mes después llamé, me dio largas, y en tras otras dos llamadas logré mi cita. Nos reunimos en una cafetería cercana a mi antigua casa.
- “Coño tronco, ¡cuánto tiempo!. Tómate algo, que te invito. ¿Qué tal?”.
Le relaté mis últimas novedades y pregunté por el estado del piso.
- “No, la guiri esa, la sueca o la noruega, lo que fuera, no se quedó al final. Joder, menuda putada, porque estaba más buena…”
Tras un rato más de charla insustancial procedí a pedir mi dinero.
- “¿Tanto? No me acordaba de cuánto era… No jodas tío, es que es mucha pasta… Ahora no te puedo dar todo. Además no estuviste todo el año y no empieces con lo de las externalidades esas.”
Me di cuenta de que era cierto, no tenía el dinero. Podría pagarme una parte, pero todo… Seguramente le hacía más falta que a mí.
Empecé a reflexionar… Si con casi 40 años no puedes devolverle a alguien medio mes de alguiler es que las cosas no van bien del todo. Además, ¿quién me había mandado a mí meterme en esa casa?
Sabía de sobra que ni la cocina ni el baño estaban terminados, no me había mentido en ningún momento.
Y el casero era un rockero desconocido que rozaba la cuarentena… ¿En qué estaba pensando?
Me di cuenta que había sido mi gusto por lo extraño, por vivir situaciones aberrantes y sin sentido lo que me había llevado a esa casa. Debía pagar las consecuencias.
- “Mira, te doy esto, que es lo que puedo. Pero pagas tú la cuenta, que este sitio es una sajada… ¡ En que sitios más pijos te metes!”
Accedí sin problemas.
Le di la mano y nos despedimos afectuosamente.
Desde entonces, cuándo nos vemos, siempre nos saludamos efusivamente.
Un abrazo, querido Luis Lobo Negro.
Atentamente,
El “Equipo de Sofía y el Sexo”.
Gran relato Bulgarcito! Muy grande el relato!!!
Muchas gracias! Esperamos la próxima! No tardes!!!
Bulgarcito, aquí ya no hay ni Sofía, ni sexo.
Y el Lobo este me ha dado miedo.
Petonets y escribe algo hombre!!!
Lo sé, querida mía.
Pero en mi ciudad medieval no dispongo de Internet, así que… ¡Es imposible!
Lo siento, pero estos parones creativos me sientan bien, ya verás jeje.
Un saludo!
¿40 años, Luis….jajjajajjaja? Que dios te conserve la vista para atinar con la edad….
No sé quién eres, pero con ese apodo serás algún friki perdedor. Y no, el hecho de que asevere esto no implica que yo también lo sea.
Bueno, en estos momentos Luis ya debería o ser un cuarentón recién cumplido, o contar con 42 primaveras.
En el momento en el que se narran los acontecimientos, nuestro amigo me contó que tenía “37 tacos” o “39 tacos”, aunque “no los aparentara”, según decía él.
No recuerdo si era una cifra u otra, en cualquier caso, estaba más cerca de los 40 que de los 30 y las licencias literarias están para algo.
Un saludo.
“Coño, deja de repetirme eso de externalidades, que yo no soy un pijo de esos con estudios.”
El Lobo Negro tiene estudios, y superiores!!!…claro que de eso hace ya mucho,mucho tiempo.
Saludos,buen relato.
Hola Rita:
Ahora que lo dices, puede ser. ¿Sociología quizá?
Bueno, si es sociología no sé si cuenta como estudios, como superiores desde luego que no.
Saludos, y gracias.
Ya veo que te picas con facilidad.
Pues hasta donde yo sé Sociologia es una licenciatura, y por lo tanto se conoce como estudios superiores,y si, obviamente cuenta como estudios.
Un saludo a los sociologos,ese gremio tan poco reconocido en nuestro pais.
Un guiño para ti Bulgarcito,que estamos en Navidad y no se puede ser tan avinagrado, o ácido como seguramente te guste autodenominarte.(lo escribo sonriendo,eh)
Estimada Rita:
No me piqué, de hecho te agradecí el comentario.
Me gusta ser algo socarrón con lo de los estudios, pero sí, creo que sociología es lo que estudió nuestro amigo.
¿Le conoces personalmente? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Leíste las tres entradas y todo?
Me mola más sarcástico, aunque ácido tiene su punto.
Feliz navidad querida.
Atentamente,
El Equipo de Sofía y el Sexo