Retomemos la historia anterior en el punto dónde la dejamos.
Luis Lobo Negro y yo nos encontramos frente a frente en el umbral de su casa, tras mi llamada telefónica en respuesta a su anuncio…
En cuanto nos vimos hubo una química de lo más positiva. Yo estaba tan desesperado por poder deshacer las maletas y él por conseguir un pardillo que le pagara las reformas que le quedaban por terminar que decidimos darnos una oportunidad.
Tan mal me encontraba que no me echó atrás el hecho de que el fregadero de la cocina no estuviera en su sitio, que no hubiera mampara en el baño*, que el sofá fuese incómodo a más no poder, que no hubiese calefacción, que la cama de 90 ocupara casi toda mi futura habitación… Necesitaba ya un sitio para quedarme.
Una de las cosas que más me gustó de mi futuro anfitrión fue el hecho de que no viviera permanentemente en Madrid, por lo que podría tener el cuchitril asqueroso la casa para mí solo la mayor parte del tiempo.
Después de mi atormentada convivencia me parecía todo un lujo.
A pesar de eso, debo confesar que mi suspicacia se activó, ciertas frases iban mostrando su pelaje:
- “Ya verás, vas a estar de puta madre en esta casa. Pleno centro, ¡esto es un lujo! Y si te quieres traer alguna tía ningún problema. Pero luego acompáñala a la puerta, no sea que robe algo al salir, que a mí me ha pasado alguna vez”.
No quise reflexionar demasiado sobre el significado de estas palabras, ¿qué tipo de mujeres llevaba a casa mi futuro anfitrión?
A pesar de eso, decidí continuar, y tras algunas llamadas para pedir consejo (una de ellas a Marta, de Durmiendo con el enemigo), y una visita a otro par de agujeros, detuve mi dispositivo de búsqueda, me despedí con unos versos de mis compañeros cantautores, recogí mis pertenencias (me llevó como 15 minutos) y partí hacia mi nuevo destino.
Al poco de llegar y desempaquetar me llamó mucho la atención las prisas de mi estimado Luis Lobo Negro por recibir el pago. No era mala educación, simplemente necesitaba el dinero para poder encargar las reformas restantes.
- “Colega, estaba esperando la guita como agua de mayo, en 4 días esto estará listo y estarás aquí de puta madre, antes de que haga frío la calefacción estará echando humo colega”.
Con una sonrisa en la boca, creyendo que ya las cosas empezarían a ir bien, cambié la cama y el armario de sitio y, desolado, comprobé que el espacio libre seguía siendo aproximadamente el mismo. No, 4 metros cuadrados no dan para mucho, no importa cómo los aproveches. A pesar de todo, es justo reconocer que sentí un gran alivio al deshacer la maleta. ¡Por fin!
Tras colocar mi edredón nórdico de delfines el aspecto de la habitación era algo más alentador. Luis no tardó mucho en dar su opinión:
-”Coño tío, te ha quedado una habitación de puta madre. Tiene un estilo mogollón de hogareño. Vas a estar como dios. Ya verás cuándo subas alguna tía, lo va a flipar”.
Y después, añadió: “Pero recuerda, luego acompáñala a la puerta, que las hay mu listas”.
Miré con curiosidad el salón. ¿Qué podía robar mi futura amante? ¿La tele polvorienta de 14 pulgadas o el radiocassete del 85? ¿Quizá alguno de los apreciados originales de los Lobos Negros? ¡Claro! Eso podía ser. Descontando los ejemplares de las gasolineras de la España más profunda no debía haber muchas copias en circulación.
Pasaron poco a poco los días, ciertamente la mayor parte de la semana Luis Lobo Negro estaba fuera de la ciudad. Pero… Mi casa seguía incompleta.
Cocinar suponía un infierno, cualquier cosa que quisiera fregar tenía que llevarla al cuarto de baño, que no es que estuviera especialmente lejos, pero tampoco era lo mejor para mantener la higiene del hogar.
El microondas o el horno no habían llegado tampoco a la vida de Luis Lobo Negro, aunque según me aseguró, el primero estaba por aparecer. “Un día de estos te traigo uno del pueblo, que es que nuevos son muy caros”.
Mientras, el frío empezaba a asomar… También observé que para ducharse había que ser rápido: el agua caliente no duraba más de 3 minutos. Cuándo pregunté a mi casero el porqué la respuesta fue simple:
- “Es que estos cacharros, los calentadores esos, cuestan una pasta. Vino un chaval mu majete y me dijo que una pava forrá de esas había tirado uno que le sobraba, y que si lo quería pa’mí me lo instalaba por 30 pavos. Así que de puta madre. Pero vamos, que si te das prisa pa’ ducharte cojonudo”.
En ese momento me percaté de que tendría que renunciar a uno de mis placeres favoritos: las duchas largas. Un placer, que debo confesar, no era compartido ni entendido por mi anfitrión.
Ya llevaba dos semanas y las reformas seguían sin fecha concreta.
- “Coño tronco, hoy he vuelto a ver al pavo de las cocinas y al de las mamparas y dice que mañana sin falta”. Hasta 5 veces escuché la misma frase, eso sí, con ligeras variantes. Después de todo me encontraba ante un creativo musical.
Ante mi sugerencia de sustituir la peligrosa cocina de gas, que soltaba alguna que otra llamarada y se atascaba, por una vitrocerámica, me respondió que era muy caro. Así pues, le propuse un trueque: dado el pequeño tamaño del apartamento podía poner sólo un radiador en el salón y con el ahorro pagar la vitrocerámica. A los que piensen que fue una mala idea sólo les puedo decir que soy un tanto averso al riesgo, y que tener que sacudir los fogones para que la llama se encendiese me daba un poco de, como diría Lobo Negro, mal rollete.
A la tercera semana mi paciencia comenzó a agotarse. Mi camarada no me concretaba nada y tampoco se ofrecía a una reducción en el alquiler.
Paralelamente recontacté con la casa de los cantautores. Una de las habitaciones, bastante decente, amplia, bien iluminada, con muebles nuevos y una neverita, quedaría libre.
¡Sí, era una en la que me metía cuándo no había nadie mientras pensaba que era la habitación que quería tener! Además, parecía ser que la mugre cantautoril se marchaba a la montaña para escribir sus mierdas jipiosas y que los que quedaban eran gente decente. Todo parecía arreglarse. Decidí que lo mejor sería escapar de la lobera, así que concreté una fecha y les dije que contaran conmigo.
Ahora sólo quedaba despedirse de Luis Lobo Negro… Y recuperar la fianza, lo que merece el tercer y último capítulo de esta vivencia personal.
Hasta pronto, queridos lectores.
* Nota del editor: en este caso concreto la mampara era un bien imprescindible, la cortina no llegaba hasta el suelo y cualquier ducha implicaba tener que fregar todo al terminar. Cuándo tienes prisa por las mañanas es algo harto incómodo. A mi anfitrión no era algo que le quitara el sueño, fregar una vez a la semana no es tan cansado.

Bulgarcito!!
No nos puedes dejar así!!!! Escribe hoy sin falta!! Esto es peor que “PERDIDOS”
Bulgarcito!! Queremos la tercera parte!!!!
Xavi, siento haberte fallado así, pero he tenido visita.
Espero poder terminar esta semana, porque el viernes me voy de viaje.
Haré todo lo posible para satisfacer tus ansias de conocimiento.
Recibe un cordial saludo.
te vas de vacaciones??!!! perrrooooooo, y qué voy a hacer yo aquí en bruselas sin poder descojonarme con tus historias…
aysssss
q lo disfrutes -sin acritud- :PPP
Actualización YA!!!
Estimados fans:
Acabo de llegar de mi periplo por el Mar Negro, no veais como mola, todo rollo multicultural y muy buen ambiente, he visto muchas cosas y he hecho mogollón de fotos, además, me he relacionado con los locales que no veas. Así, todo muy tirado.
Ahora en serio, vengo frito, gracias a la influencia de mis compañeros de viaje me he pasado el día fumando como un carretero y bebiendo como una colacha (esto no concuerda del todo, pero acabo de llegar destrozado).
He realizado el único tipo de viajes que merecen la pena: el viaje hortera, de resorts caros y todo cantoso. Así mola. Eso sí, el resto del mes a pasar necesidades…
Actualizaré cuanto antes, Lobo Negro se merece su final.
Os quiero, estimados fans.