— Introducción de rigor —
El año 2005 (famoso por la socarrona estupidez que tantos y tantos palurdos pudieron gritar en la Nochevieja de 2004) tocaba a su fin cuándo un joven pre-Bulgarcito hacía las maletas, cogía la boina, se apretaba la cuerda a modo de cinturón y partía a la capital del Reino de España, en busca de fama y gloria.
Quedaba tiempo para que se convirtiera en el auténtico Bulgarcito, aún desconocía las altas metas que le aguardaban y las grandes hazañas que le depararía el destino.
— Fin de la introducción de rigor —
Obviaré los primeros acontecimientos que rodearon mi llegada a Madrid por considerarlos tediosos, a modo de resumen os dejo el dato de que en poco menos de 3 semanas habité en 3 lugares distintos.
- Del primero, casa de un buen amigo, me expulsaron sus malévolas tías, personajes Dickensianos a más no poder (no las llegué a ver, pero me las imagino así).
- El segundo era una habitación con un colchón del que sobresalían unos muelles oxidados (por suerte mi vacuna del tétano todavía estaba vigente) y que se encontraba en el piso de unos cantautores, dónde los perros campaban a sus anchas y mi aceite de oliva desaparecía misteriosamente.
El tercero… El tercero es del que os quiero hablar.
Desesperado por mi precaria situación y ante la posibilidad (real) de acabar con cualquier tipo de infección incurable (amén de perder el juicio y acabar escuchando con gusto al imbécil de Ismael Serrano) partía cada tarde a la búsqueda de habitación, situación que me recordaba poderosamente a la búsqueda de empleo. Si al menos en el segundo caso iba a recibir algo a cambio, en el primero me encontraba terriblemente desorientado ante la necesidad de mendigar para acabar pagando un dineral a cambio de poder dormitar en infectos tugurios.
Pasaré por alto el torrente de desdichas inmobiliarias y humanas que pude ver, que abarcaba desde habitaciones sin ventanas y casi sin muebles a micropisos habitados por fracasos genéticos para dedicarme a la que fue finalmente la casa escogida.
En el cénit de mi desesperación y ante la imperiosa necesidad de conseguir una habitación con armario dónde poder dejar mis cosas (llevaba tiempo guardando todo en una maleta) me vi abocado a aceptar la que por el momento era la mejor oferta.
Lo interesante no es la casa, situada cerca de la céntrica parada de Bilbao, con apenas 25 m2 en los que cabían 2 habitaciones, cocina, baño y salón (si a esto le unimos que una de las habitaciones tenía un tamaño decente imaginad cómo era la mía).
Para describir un poco más la casita os dejaré un par de datos: cuándo uno estaba sentado en el cuarto de baño la cabeza le daba contra la pared, en la cocina no entraban dos personas a la vez y además estaba en proceso de remodelación, pero, según me dijo mi “casero”, todo estaría listo en menos de una semana…,
Como os anticipaba, la mayor sorpresa de mi nueva vivienda no era que fuera un tugurio infecto, pequeño y cucarachil, si no el personaje que la habitaba.
Mi futuro compañero no era un joven en busca de oportunidades, era un rockabilly de unos 40 años, cuya mayor gloria era haber vivido en primera persona la movida madrileña.
Desgraciadamente para todos, sólo sobreviven los mediocres.
Siempre me había preguntado qué sería de los rockerillos radicales que inundan con 20 años los bares, ¿qué les pasaba a partir de los 30? ¿Dónde se metían?
Mi teoría era que al final retomaban el rumbo y abandoban esas destructivas costumbres para reintegrarse en la sociedad a la que tanto habían odiado, y, o bien estudiaban y acababan haciendo un master en alguna recóndita parte o bien se convertían en albañiles o fontaneros, se dedicaban a trabajar y formaban familias decentes.
Pero, me preguntaba yo de forma ingenua, ¿qué pasaría si uno de estos elementos se negase a cambiar y desafiase a la sociedad? ¿Y si llegase a los 40 manteniendo su destructiva y estéril forma de vida?
Si esto ocurriese, podría triunfar y convertirse en un viejo con pintas de rockero (a lo Rolling Stones, que son como viejetes de residencia disfrazados de idiotas)… O fracasar, manteniendo un nivel medio-bajo que le permitiese arrastrar su patética existencia.
En ese caso, ¿Cómo sería un rockero fracasado de 40 años?
Ante mí tenía la respuesta, su nombre: Luis Lobo Negro, fundador y líder de los Lobos Negros.
Con una estatura no muy superior al metro y medio (lo que me otorgaba una ventaja en centímetros a la que no estoy muy acostumbrado), unos cuantos kilos de más, unas patillas nutridas y un tupé enorme (además de grasiento, dudo que hubiese tenido dinero para tanta gomina) me encontraba frente a una “leyenda viva” del Rock español.
— Fin de la primera parte —
La enorme extensión de esta vivencia personal imposibilita el concentrarla en una sola entrada. En breve se pondrá a su disposición la 2ª parte de esta vivencia personal, dónde se contarán algunos acontecimientos acaecidos en la morada de los Lobos Negros y el trágico desenlace, con batalla dialéctica por la fianza incluída. El formato elegido será en algunas partes el diálogo
Como despedida, enlazamos un vídeo del protagonista de la historia (Luis Lobo Negro, no Bulgarcito).
P.d.: Nos gustaría dejar algunas fotos de la casa, pero no aparecen…
Yo andaría con cuidado no vaya a ser que te denuncien a la SGAE… menudo hijo de la gran p… el luis cobos este.
Ahora empiezo a entender tu comportamiento social…
Ya pasó todo Bulgarcito, ya pasó…
Tu comentario no anda nada desencamido. Nuestro amigo era un fan de la SGAE y de la protección del copyright. Vamos, como si el top manta estuviera lleno de cds de los Lobos Negros…
No sé cómo se las arreglan, pero cuánto más desconocidos y menos venden más quieren que les protejan desde las “instituciones públicas”.
Aún así, quedan las partes más dramáticas y humorísticas de la historia, no te vayas a creer…
jejeje eres mucho..
que bueno peque..al final tuviste que contar la historia jeje
yo soy una afortunada de haberte conocido durante esta grotesca historia de tu vida..
cuenta lo del tren cuando te salve la vida pero sin insultar ehhhhh con elegancia mi amor..
te quierooo joder que ganas de verte yaaaaaaa
Jeje, gracias.
Sí, tengo que expiar mis fantasmas y esas cosas.
La verdad es que todos y todas las que me conocen se pueden sentir afortunados, es una suerte. ¡Qué envidia me dais!
Lo del tren, ¿no fue al revés? Que yo recuerde vamos… Creo que te sujeté cuándo ibas directa a estamparte, en medio de la noche*…
En un par de semanas estoy en el aeropuerto a buscaros! Sé fuerte!
* En realidad fue a las 7:30 de la mañana, pero no había mucha luz…
Bulgarcito creo que eres un incomprendido social y que esa gente que te has cruzado en la vida no han sabido entenderte, ni ver la belleza interior que hay dentro de ti! Tu eres un tipo normal y corriente y todos estos personajes son inadaptados sociales… jejeje
Cuéntanos el resto! No puedes dejar el público así!! Y lo del tren??? Que es esto del tren!!!
De verdad que no sé pq esto solo te pasa a ti!!
Un abrazo desde CPH
Xavi
Estimado Xavier:
Por alguna inexplicable razón tengo tendencia a juntarme con elementos un poco extraños. Es algo que me ha pasado desde que tengo uso de razón, y supongo que mi esencia espiritual tendrá que ver con ello. También es cierto que me encantan este tipo de situaciones bizarras, no te creas.
En cualquier caso, ¿cómo fue tu búsqueda de piso por Madrid? ¿No fue dura?
Ya sé que es cruel dejaros con la intriga, pero es una estrategia de marketing para incrementar las visitas.
Lo del tren es una historia curiosa…
Ciao!