Hace aproximadamente una semana decidí salir de mi sala de meditación para asistir al cine y mezclarme con las masas a las que sabiamente pretendo adoctrinar.
Sí, ¡dura tarea la del amaestrador de cabras, siempre en su cuarto elaborando sesudos tratados que ayuden a la humanidad a prosperar!
La película elegida no fue otra que la versión cinematográfica de “Sexo en Nueva York”, conocida en búlgaro como “Сексът и градът” (el sexo y la ciudad, fiel a su título original).
Constituye, sin atisbo de duda, el mayor aborto cinematográfico que he visto en mucho tiempo. La carencia de ritmo, la sucesión de escenas sin orden ni concierto, la falta de una trama mínimamente sólida, de una estructura y la ausencia de lo que casi cualquier película decente debe tener: un planteamiento, un nudo y un desenlace me dejaron pasmado durante las dos horas y media que duró.
Y no sabéis, mis queridos lectores, cuánto me alegro de haberla visto. Si hay algo que detesto es la indiferencia, si esta hubiera sido una película decentucha ya no estaría en mi mente, pero al ser tan mala, no la olvido ni queriendo.
Además, ¿hay alguna película en la cartelera que refleje mejor el signo de nuestros tiempos que esta?
Pues no. Y punto.
El postfeminismo revenido que tanto criticamos en su día tiene en “Сексът и градът” (se lee “sexat y gradat”, más o menos) su máxima expresión.
Cuarentonas arrugadas (nos ahorraremos el símil de las pasas por ser demasiado típico) se pasean por el film (así es como se dice película en búlgaro) luciendo caros modelitos junto a unos cuantos trastornos mentales y una actitud de quinceañeras perpetuas.
La película hasta destila algunos momentos melancólicos. Cuándo al final (da igual que os cuente el final, en serio, en esta película el orden de los factores no altera el resultado) Samantha sopla las velas de su 50º (ni idea de cómo se dice el ordinal) cumpleaños entendemos que una era ha terminado.
El icono fundamental del postfeminismo noventero y de principios de siglo, del que tanto se escribía en las revistas femeninas que cogía de mi madre (según me contaron) ha llegado a su fin.
Y ¿qué es lo que queda?
Un grupillo de cuarentonas desquiciadas jugando a las muñecas…


Muy bonito comentario de cuarentonas arrugadas, como si fuera lo peor de este mundo. La peli a mi tampoco me gustó, pero tu comentario definitivamente menos. Tu que sabras como se tiene que comportar una mujer de cuarenta años, ridiculo. Has ido a ver la pelicula pa poder escrivir algo, y la mejor forma de esplayarte agusto ha sido metiendote con las mujeres. Da igual si son de cuarenta o menos edad, tendrias para criticar igualmente. Tienes un grave problema, por que te lo tenemos que aguantar leyando. Vete al psiquiatra!
Esta lectura si que revuelve el estomago. AAAAAAG
Estimada “Vea”:
Tu forma entrecortada de escribir y la abundancia de faltas de ortografía me asquean profundamente. No me detendré a comentarlas, simplemente te recomiendo que leas con atención este blog, lo que no sólo servirá para que mejores en ese aspecto, si no que te limpiará el cerebro de toda la mierda que pareces tener.
Lo de las cuarentonas arrugadas fue un comentario corto, mi crítica se centró en la escasa estructura de la película.
No saltes con que me meto con las mujeres, porque no es cierto. Simplemente me llamaba mucho a la atención ver a un grupillo de cuarentonas actuando como si tuvieran 16 años.
Si hay un género vilipendiado en esta película es el masculino, pero no entraré en detalles que dudo que puedas entender.
Sin más dilación, porque no tengo tiempo para desperdiciar con una analfabeta, me despido.
Sólo una última pregunta, ¿eres Blanca?
Jajaja!!! Qué gran respuesta!!!
Muchas gracias camarada.
Hay que ser inclemente con esta basura de gente.