Sí, la tengo.
La desidia me ha podido, me dejé vencer por la vagancia y arrastré a todo el equipo de “Sofía y el Sexo” en mi retiro espiritual.
¿Qué sentido tenía seguir escribiendo? ¿Estaba sirviendo de algo mi misión evangelizadora?
Pero esta mañana lo he visto claro.
He googleado “Sofía y el Sexo” y lo que he encontrado no me ha dejado ninguna duda sobre la necesidad de mi regreso.
Los que nos siguen recordarán la polémica entrada en la que con motivo de la cercana celebración de las elecciones y de que teníamos a mano las papeletas de Madrid aprovechamos para destripar unos cuantos partidos minoritarios, haciendo uso del derecho divino a insultar por el que la Constitución debería velar.
El último partido era otro residuo social más, un partido leonés.
Y sí, antes leisteis bien. Las papeletas eran de Madrid.
¿Sabéis qué hacía un partido de pelagatos leoneses presentándose para defender las particularidades leonesas en Madrid?
¡Pues yo tampoco!
Pero parece que alguien se ha sentido ofendido, el dueño del blog cuya imagen enlazamos en su día escribió una feroz (todo lo feroz que un defensor de la oprimida cultura leonesa puede llegar a ser) crítica a este nuestro blog. Y encima, el muy jeta, ni nos enlazó.
Pero hombre de dios, ¿es que no sabes que la cultura 2.0 es la de enlazar y fomentar el diálogo? (nota: en breve presentaremos un concienzudo análisis de la nueva cultura de Internet).
Por supuesto, nosotros enlazamos al creador de tan infecto comentario, y además, le informamos sobre lo que hacemos.
¡Enhorabuena! ¡Vas a tener tu primer comentario!
Por eso me he dado cuenta de que tengo una misión: combatir la idiotez (cual Quijote, pero a lomos de una silla de plástico y delante de un maltrecho ordenador), que se esparce por el mundo.
El mensaje de “Sofía y el Sexo” se debe difundir.
He vuelto.
Hemos vuelto.
Atentamente, el equipo de “Sofía y el Sexo”.
Pues lo vas a tener jodido, porque idiotas hay muchos.
Suerte
Pero… ¡Si acabo de escribirlo!
Bueno, me alegro de verte por aquí, archienemiga…
Me ha hecho tanta ilusión* que escribas justo después de que publique que no arremeteré contra ti.
Además, el hecho de que reconozcas que te gustan “grandes” te honra, es todo un alegato en contra del feminismo penefóbico que inunda nuestra sociedad.
Un saludo, y gracias
*Estoy en uno de esos días…
Perdona, pero a diferencia de lo que haces tú yo no te he insultado. Sólo te pido un poco de respeto a los demás. Puedes discutir lo que quieras, pero por favor, usa argumentos y no descalificaciones.
Saludos.
Mmmmm, interesante y farragoso asunto el del respeto… creo que Ricardo no ha entendido el tono del blog.
Igual que cualquiera pueda escribir y defender la cropofagia en su página, al ser pública se expone a que otra persona pueda burlarse de la idea. Dicho lo cual, no sabía del bagaje histórico del leonés ni de sus defensores, no me parece mal que lo defienda si entiende que merece la pena preservarlo; por lo menos es cultura.
Bulgarcito, creo que en este caso curiosamente has dado con una extravagancia con algo detrás. Un tanto absurdo quizá, como el Quijote que mencionas… pero de hecho, vuestra asocialidad podría dar sus frutos, deberíais uniros. ¡¡Por el leonés, el vodka y la miembra que lo parió!!
Saludetes!
P.D. ¿Seguro que no llegó a tu página metiendo alguna guarrerida en el buscador?…
Estimado Tuso:
Por primera vez, y sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo contigo.
Lo del leonés seguramente sea un invento de cuatro paletos para sacarse unas perras dando cursos de mierda a subnormales dispuestos a pagar por ello, vender libros de texto a administraciones dirigidas por retardados* y fundar periódicos mediocres en los que enchufar a sus amiguillos de turno.
Todo este cirio se monta, como es lógico, con el dinero de todos y con un objetivo noble y elevado: que escribir con faltas de ortografía y hablar con acento pueblerino esté bien visto.
Si recorremos los pueblos de la castilla más profunda nos daremos cuenta de un hecho destacable: la mayor parte de la población no habla el idioma de una forma correcta.
Por ejemplo, dicen “me se” en lugar de “se me” (lo mismo con “se te”), la “d” de los participios desaparece: (”¿has comío ya?” ) y toda una serie de despropósitos que no nos detendremos a comentar, porque tampoco somos unos puristas del lenguaje.
Ahora bien, de ahí a coger esas incorrecciones paletas y fundar una lengua (que no es ni dialecto, simplemente es hablar mal) va un trecho.
Y si después encima te tomas la mierda que surge de todo eso en serio y criticas una entrada de un blog de otra temática completamente distinta sin molestarte en citarlo… Pues te mereces una colleja**.
*O listillos que se llevan comisión.
** ¿Cómo se dice “colleja” en leonés? ¿”coyejha”?
Despues de más de 300 años de colonialismo español, el idioma filipino adoptó alrededor de 20.000 palabras directamente del español/castellano. Adjunto algunos ejemplos:
trabaho = trabajo
pwersa = fuerza
disiplina = disciplina
sapato = zapato
disgrasiada = madre soltera
chismis = cotilleo
negosiante = hombre de negocios
…….
¿Acaso es comparable el ejemplo del filipino con el de los leoneses? Porque, en este caso está claro que se toma la palabra original y luego se escribe como a uno le sale del nabo. ¿Es esto lo que han hecho los leoneses?
Estimado Iván:
No, no es exactamente lo mismo.
El caso filipino (del que hablaré sin tener la más mínima idea, con la seguridad que da la ignorancia) es un claro ejemplo de “mestizaje cultural”.
Y no, no estoy bajo los efectos de un “tema” de Manu Chao (un ejemplo perfecto caso de ser humano autoparodiado).
Por lo visto unos españoles cansados de su tierra se pillan un barco, aparecen en una isla y se montan un chiringuito.
Se quedan unos años y se “mezclan” con la población (de ahí la palabra mestizaje, pero creo que ya sabes de lo que hablo… Seguramente mejor que el resto de los aquí presentes).
Como es lógico, el idioma deja su huella, la gente adapta palabros que en sus primitivas lenguas no tenían (no creo que en el filipino antiguo existieran los hombres de negocios, pero hablo desde el desconocimiento, corrígeme si es necesario) y simplemente queda un idioma con mucha influencia española.
El caso leonés es totalmente opuesto: existe un idioma comunmente aceptado y que usa, con mayor o menor corrección, toda la población.
Pero, paralelamente, se van haciendo famosas las reclamaciones lingüísticas en otras regiones.
Y como todos somos muy envidiosos, pues rescatamos una lengua de paletos y cabreros que sólo hablan los viejos del lugar (y cuya principal característica es que es como el español de siempre pero mal escrito), le damos cierto halo de misticismo y nos quejamos de que si no damos la brasa a la población la citada lengua de cabreros desaparecerá.
Llegados a este punto yo digo: pues bien, que desaparezca de la faz de la tierra.
Pero otros, más espabilados, ven la posibilidad de hacer negocio con ese aborto lingüístico, así que se montan un instituto de la lengua (El Fueyu) y se dedican a dar cursos y otras zarandejas.
Como ves, es el caso opuesto. En el primero una lengua influencia a otra de forma natural y es la mayor parte de la población la que utilizándola le da su vigencia y valor.
En el segundo caso, se “empuja” la lengua desde arriba, de forma un tanto antinatural, porque a la gente se la pela completamente.
Espero que te haya quedado claro.
Y desde aquí animo a cualquier defensor de la lengua leonesa a participar.
Puede escribir en leonés si lo desea, el corrector ortográfico del Word es un traductor perfecto en estos casos.
Atentamente,
El Equipo de “Sofía y el Sexo”.